Parque de la Ciutadella: política e historia junto al zoo
Debe su nombre a la fortaleza de la ciudad (ciudadela) levantada por Felipe V en el siglo XVIII, tras la guerra de sucesión. Construido a imagen y semejanza del Parque de Luxemburgo de París, ocupa dieciocho hectáreas –sin contar el zoo– y durante muchos años fue el único parque de Barcelona. Actualmente forma parte del barrio de Ciutat Vella y se encuentra muy cerca de la Villa Olímpica, el Arco de Triunfo y la estación de Francia. Es un entorno muy frecuentado por barceloneses y turistas y, también, por los políticos catalanes, ya que el antiguo arsenal de la ciudadela se transformó en la sede del Parlament.

Pocos puntos de Barcelona aúnan intereses tan divergentes. Por una parte, la presencia del zoo hace que el parque sea un reclamo para los amantes de los animales y las plantas. Por otra, sus características lo convierten en un lugar perfecto para desconectar durante unos minutos del ajetreo de la ciudad mientras observas a los turistas o, simplemente, lees un libro a la sombra de cualquier árbol. Además, el Parlament garantiza constantes idas y venidas de políticos y periodistas y los orígenes del parque hacen que sea muy atractivo a los ojos de los aficionados a la historia.
Un poco de historia
La Diada, el día nacional de Catalunya, conmemora una derrota. El 11 de septiembre de 1714, tras un asedio que se prolongó algo más de un año, la ciudad condal caía ante la armada de Felipe V, que decidió construir una ciudadela en forma de estrella, la más grande de Europa en aquella época. Las obras, que finalizaron en 1718, fueron dirigidas por el ingeniero militar flamenco Joris Prosper Van Verboom y obligaron a derrocar parte del barrio de la Ribera, que tres décadas más tarde serían trasladado a la Barceloneta.
Nada de indemnizaciones
Los métodos de por aquél entonces eran muy distintos a los de ahora. Se derribaron más de mil casas y un par de conventos (San Agustín y Santa Clara), pero las 4.500 personas desalojadas no recibieron ningún tipo de indemnización y fueron abandonadas a su suerte.
Órdenes y contraórdenes
Al tratarse de un símbolo del Gobierno central, la ciudadela era profundamente despreciada por los barceloneses, que cuando tuvieron oportunidad, en 1841, decidieron derrocarla. Pero dos años después, durante la regencia de María Cristina, ésta decidió restaurarla. Posteriormente el general Prim decretó su donación a la ciudad y, por fin, con la revolución de 1868, se procedió a demolerla de una vez por todas.
Tres vestigios
A pesar de todo, se mantuvieron tres elementos de la fortaleza original: la capilla (actual parroquia castrense), el palacio del gobernador, que hoy en día es un instituto de educación secundaria, y el arsenal, reconvertido en sede del Parlamento de Cataluña.