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Las Ramblas: el corazón de Barcelona

Nadie discute que Barcelona es una de las ciudades más modernas y dinámicas del planeta, pero aún sería más absurdo negar que su corazón sigue siendo el mismo desde hace más de tres siglos: las Ramblas. Hasta principios del siglo XVIII no eran nada más que un camino y un torrente bordeado por conventos y murallas, la única vía ancha de una ciudad remota en la que los vestigios ibéricos y las ruinas romanas compartían protagonismo con monumentos góticos y palacios barrocos y neoclásicos. Cuando hacia 1775 se derribó la parte de las murallas próxima a las Atarazanas, las Ramblas fueron urbanizadas y se convirtieron en un paseo. Han pasado más de dos siglos, pero hay cosas que no cambian. Ahora igual que entonces, si alguien quiere conocer de verdad Barcelona es muy recomendable que pasee por las Ramblas, el espacio que mejor resume y exhibe el aliento de la ciudad.

Ramblas

Barcelona es su gente y las Ramblas siempre están llenas de gente. Entre la Plaza de Cataluña y el pie del monumento a Colón, esta vía única en su género ofrece a cualquier hora del día una animación inusitada y cosmopolita, repleta de colores y acentos que seducen al visitante con el sabor de lo diverso. Estamos en la capital catalana, sí, pero bien podría ser la capital de mundo, un muestrario muy aproximado de la naturaleza y el comportamiento humano, un lugar donde da casi igual que te hablen en catalán o en japonés porque a lo largo de un paseo de 1,2 kilómetros tienes la oportunidad de impregnarte de un espíritu cargado de libertad.

Cinco nombres
El antiguo torrente, que debe su nombre a la voz árabe ramla (arenal), se ha transformado en una corriente humana que se cruza y entrecruza en todas las direcciones posibles a lo largo de las cinco ramblas. Canaletes es la más cercana a la Plaza de Cataluña, con una fuente donde los seguidores del Barça festejan los títulos conseguidos. A continuación, siempre en dirección al mar, vienen la dels Estudis (que debe su nombre a una antigua universidad suprimida por Felipe V) y la de les Flors o de Sant Josep. No vale la pena traducir al castellano algo que se entiende perfectamente, pero quizá conviene aclarar que en ésta última se encontraba el convento de San José y que era el único lugar en el que, en el siglo XIX, se vendían flores. Las otras dos ramblas son la dels Caputxins (mejor traducirlo: Capuchinos), que debe su nombre a los antiguos frailes, y la de Santa Mónica, donde se levanta el convento homónimo.

El latido de la ciudad
Independientemente de sus cinco nombres, las Ramblas ofrecen todo tipo de alicientes al visitante. Desde el Teatro del Liceo (Liceu en catalán), en un punto casi equidistante entre los dos extremos del recorrido, hasta el ya citado monumento a Colón o el mercado modernista de la Boqueria, pasando por una enorme variedad de tiendas o restaurantes. También hay numerosos quioscos, estatuas humanas y flores, muchas flores. Y como ocurre en todas las concentraciones humanas, abundan los carteristas, pero no más que en cualquier otra gran ciudad. En cualquier caso, quien desee conocer el latido diario de Barcelona, la ciudad auténtica más allá de cualquier reclamo turístico, hará bien en darse un paseo por las Ramblas.

Imágenes de las Ramblas

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